domingo, 9 de octubre de 2016

El trasfondo: Carlos Joaquín y “los detalles” de su plan de renovación de la Burocracia


Por: Esmaragdo Camaz

A dos semanas de su llegada como gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín tiene un polvorín dentro del Palacio de Gobierno. Dos bandos se disputan los cargos de la burocracia y el novel mandatario exaspera ante la fuerte presión que esto le representa. Quizá debió explicar con antelación los detalles de su plan de “transición”, pero al no hacerlo, agarró a todos desprevenidos y hoy ya sin argumentos que lo justifiquen, lanza un yo acuso contra quienes –dice él- quieren desestabilizar el estado. ¿Dónde escuchamos eso antes?

Las mismas palabras.

En 2011 durante sus primeros días como gobernador de Quintana Roo y tras la aparición de sus incipientes yerros que le significaron una fuerte corriente de opinión en contra –cuando las justificaciones se le acabaron-, Roberto Borge ya exasperado recurrió a la versión de que habían personajes que querían “desestabilizar” al estado. Su dedo acusador apuntaba –primero-, al hoy gobernador Carlos Joaquín González, y en segundo término, a Greg Sánchez.

Al primero lo acusaba porque había sido su principal opositor dentro del PRI para que Félix lo designara candidato a gobernador. Y al segundo lo señalaba porque –obvio-, querría vengarse de él por su encarcelamiento, maniobra felixista que frenó el ascenso a la gubernatura del entonces carismático Greg, porque de otra forma Borge no habría sido gobernador.

Carlos Joaquín, su padre y otros miembros de su familia, impulsaron en ese entonces a Greg Sánchez para hacerse gobernador y que los Joaquín pudieran llegar aunque sea por esa vía -como una primera escala-, al poder en Quintana Roo.

En ese episodio Carlos Joaquín se quedó en el PRI y a cambio de declinar a favor de Roberto Borge recibió cuatro alcaldías en las que puso a sus alfiles. Se dice que también recibió una suma en efectivo. Algunos afirman que 50 millones de pesos. Este dato nunca fue admitido ni desmentido en ese entonces por el hoy gobernador de Quintana Roo.

En lo personal puedo afirmar que nunca Carlos Joaquín o Greg Sánchez estuvieron detrás de ese plan de “desestabilización” del que hablaba Roberto Borge.

No puedo hablar por los demás. Ni tampoco soy representativo de nada. Así que tampoco puedo asegurar si en otros casos Carlos Joaquín o Greg Sánchez actuaron en contra de Roberto Borge.

Hoy Carlos Joaquín repite las mismas palabras de Borge.

El Sábado en el marco del Aniversario 42 de Quintana Roo como estado libre y soberano, Carlos Joaquín acusó –como Borge en su oportunidad-, que hay personajes que quieren “desestabilizar” al estado.

Las palabras de Carlos Joaquín surgen también en medio de una fuerte corriente de opinión que le propina críticas desde los medios de comunicación y las redes sociales por el despido masivo de burócratas.

Al gobernador ya se le acabaron los argumentos o las justificantes para explicar el porqué de los despidos masivos dentro de su novel administración, tema que genera hoy la cascada de inconformidad sobre él.

El dedo acusador de Carlos Joaquín sobre este nuevo plan de “desestabilización” apunta –primero-, a su antecesor Roberto Borge. Y segundo a Félix González.


A través de medios que le son afines –porque como “Beto”, también Carlos tiene los suyos-, Borge y Félix son exhibidos como los villanos favoritos del novel gobernador.

En lo personal puedo afirmar que Roberto Borge o Félix González no están detrás de ese plan de “desestabilización” del que habla Carlos Joaquín.

Como dije en párrafos arriba, no puedo hablar por los demás. Así que tampoco puedo asegurar si en otros casos Roberto Borge o Félix González actúan en contra de Carlos Joaquín.

Lo que sí puedo afirmar es que la queja generalizada de la burocracia procede de los propios trabajadores.

Opiniones, filtraciones y documentos llegados a los medios de comunicación y redes sociales han surgido de los propios burócratas, a los que la guillotina joaquinista agarró por sorpresa.

Carlos Joaquín no previno con antelación a la burocracia –aún cuando pudo hacerlo- sobre la aplicación de estos recortes masivos, al menos como para que los trabajadores se prepararan, quizá para ahorrar algún dinero, tomar previsiones y buscar nuevos empleos.

No. La guillotina cayó de golpe y porrazo, aún cuando Carlos Joaquín ya tenía su plan hecho desde mucho antes de asumir la gubernatura el pasado 25 de Septiembre.

Este es el plan de Carlos Joaquín.

Tras el triunfo del 5 de Junio, el equipo de Carlos Joaquín distribuyó un formato entre aquellos que participaron en su campaña para convertirlos en los nuevos burócratas del gobierno estatal.

Los colaboradores y activistas de Carlos Joaquín –de todos los niveles- llenaron el formato con su nombre, su perfil profesional y definieron en qué área y dependencia del gobierno estatal quieren trabajar. Los aspirantes a burócratas también debían especificar el nombre del coordinador de grupo del que eran subordinados.


El formato es para armar su equipo de trabajo y una forma de responder a quienes en verdad trabajaron con Carlos Joaquín para llevarlo al triunfo, explica un funcionario joaquinista que también llenó ese formato.

Se desconoce el número exacto de cuántos formatos fueron repartidos, pero son muchos.

En la Zona Norte del Estado, tan sólo el caso Cancún, los coordinadores de la campaña de Carlos Joaquín armaron unos 800 grupos de activistas.

Cada grupo era muy irregular en cuanto a su número de integrantes. Algunos formados apenas por unas 20 personas, pero otros hasta por unos 3 mil, como fue registrado un caso en particular. El formato fue distribuido a los coordinadores de esos grupos para que toda su gente se apuntara en la lista.

Así que el número total de activistas-aspirantes a convertirse en burócratas estatales se cuenta en miles.

¿Cuántas plazas del gobierno estatal necesita desocupar Carlos Joaquín para meter a sus nuevos burócratas? –Uta, pues todas!, dice otro de los colaboradores del novel gobernador.

Hablemos de números.

El gobierno del estado tiene una plantilla de unos 16 mil trabajadores distribuidos en todo el estado, aunque –obvio-, la mayoría están concentrados en Chetumal, donde también más se resiente el despido masivo.

De estos 16 mil una minoría son sindicalizados. Unos 3 mil 500 que en ningún caso serán removidos por pertenecer a la base sindicalizada.

Con esta resta quedarían todavía unas 12 mil 500 plazas disponibles. Esas son las que Carlos Joaquín necesita para cumplir con su gente.

Los auténticos joaquinistas.

Muchos de los burócratas hoy despedidos y otros con un pie fuera del gobierno, se quejan que “ellos” ayudaron y votaron por Carlos Joaquín esperanzados con el cambio y mejores condiciones de trabajo que el entonces candidato ofreció durante su campaña electoral.

“Ahora todos son joaquinistas” –reclama uno de los aspirantes a burócrata que está esperando a que le desocupen el cargo que va a ocupar en cuanto la barredora joaquinista pase por la dependencia que escogió para trabajar.

Los verdaderos, los auténticos joaquinistas son aquellos que están apuntados en la lista que surgió de los formatos –aclara el neo-joaquinista.

El Sábado en su esfuerzo por hacerse entender, Carlos Joaquín esbozó de una manera muy tenue su plan al decir que es “normal” que cada nuevo gobierno arme su equipo de trabajo, al responderle a reporteros sobre los despidos masivos.

Al conocerse ahora los detalles, la magnitud y el alcance de su plan, las palabras cifradas de Carlos Joaquín toman sentido.

Este plan de los nuevos burócratas joaquinistas que se encuentran en la “lista del triunfo” puede ser bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.

Pero la parte que no cuadra es la omisión de tan importante y trascendental medida que en cualquier caso, Carlos Joaquín debió informar públicamente incluso desde que estaba en campaña, considerando las implicaciones socioeconómicas que iban a derivar de ella.

Aún después de su triunfo electoral, Carlos Joaquín tuvo 25 días de Junio, 60 días entre Julio y Agosto, y todavía 25 días más en Septiembre, o sea en total 110 días, para informar ya como gobernador electo, que los burócratas estatales tenían –mmm… digamos unos 100 días-, para buscar nuevos trabajos porque los suyos serían ocupados por los nuevos burócratas de su lista.

Pero no lo hizo.

Hubo falta de transparencia por parte de Carlos Joaquín –reconoce el neo-joaquinista.

Hoy Carlos Joaquín se encuentra bajo presión en medio de dos bandos. Los burócratas enfurecidos que no entienden porqué los dejarán sin sustento y los burócratas-aspirantes que ya quieren –les urge-, ocupar el cargo que les prometieron.

Así que ahora -por si Carlos Joaquín no lo había notado-, la inconformidad, las filtraciones y los reclamos en su contra proceden de ambos bandos.

Los que no se quieren ir y los que ya quieren entrar. Eso es lo que el novel gobernador llama “voces que quieren desestabilizar el estado”.

Ya presa de su exasperación, Carlos Joaquín negó el Sábado que hubieran despidos masivos en el gobierno estatal. Pero su Oficial Mayor, Manuel Alamilla, lo desmintió y confirmó que unos 2 mil burócratas serán cortados. En lo que sí coincidieron ambos personajes es que será hasta fin de mes cuando sepan bien a bien cuántos aviadores encontraron en la nómina estatal y cuántos trabajadores reales perderán sus empleos.

Todo nuevo gobernador carece de pericia. Sólo un gobernador en segundo período tendría la experiencia para saber qué hacer llegando al cargo para no cometer yerros. Pero en nuestro país aún no existe la reelección del ejecutivo estatal.

Carlos Joaquín se equivocó en el manejo de su política renovadora del aparato burocrático.

Juzgar las acciones de Carlos Joaquín sobre su plan para armar su gobierno puede ser difícil, pues habría que estar en los zapatos de los burócratas corridos y en los zapatos de los burócratas-aspirantes que –en algunos casos- hasta arriesgaron el pellejo para jugársela con el hoy gobernador.

Ambos bandos le reclaman hoy la chamba al novel gobernador Carlos Joaquín.

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