domingo, 9 de febrero de 2020

Marybel y Morena-QR


Expediente
Por: Esmaragdo Camaz

Cancún.- Marybel Villegas y los morenistas dan por hecho que no habrá un partido que pueda darles batalla al suyo en las urnas en las próximas elecciones para la gubernatura y por eso se pelean entre ellos buscando la ansiada nominación. En esta lógica morenista, la contienda electoral para la gubernatura de Quintana Roo se reduce a cuatro candidatos -todos de Morena-, Mara Lezama, Luis Alegre, José Luis Pech y la propia Marybel. Pero en todos los casos, el triunfo electoral de estos personajes depende exclusivamente del factor AMLO y eso es una dependencia muy frágil. El presidente López Obrador alimenta a sus seguidores, pero sus diarias ocurrencias y omisiones en temas tan delicados como la Seguridad, la Salud y -para los quintanarroenses- el Turismo, alienta cada vez más la animadversión progresiva en su contra entre sus detractores y “chairos” arrepentidos, un factor que tarde o temprano va a impactar a los candidatos de su partido.

Marybel y sus compañeros de partido continúan embriagados con el arrasador triunfo que tuvieron en 2018. Se sienten tan sobrados que van de escándalo en escándalo exhibiéndose ante el electorado casi como una especie de desafío contra el voto. La verdad que hay que ser muy temerario -o de visión corta- para no ver lo que viene.

A ninguno de los cuatro personajes citados aquí que compiten por la gubernatura de Quintana Roo se les ve intención de renunciar a Morena. Incluso todavía hay personajes en Quintana Roo que no siendo de ese partido salen en defensa de AMLO. Una clara creencia de que entre el morenismo y los mexicanos todavía todo es miel sobre hojuelas.

Pero regresemos a Quintana Roo. Dos de los tres gobiernos municipales de Morena son un desastre. Para bien o para mal, el lopezobradorismo ganó en las ciudades más importantes del estado y eso los exhibe, los encuera. 

Chetumal con Otoniel Segovia es más que una decepción. Sencillamente es un Ayuntamiento inoperante. No hace falta detallarles a los chetumaleños lo que es el gobierno municipal morenista, pues ellos lo saben mejor que nadie. ¿Quién con un grado de objetividad puede creer que Morena va a ganar algo ahí en el futuro mediato? Tampoco es necesario mencionar todas las promesas que el presidente López Obrador citó en la capital del estado y que no las ha cumplido.

En Solidaridad Laura Beristain parece competir con su homólogo de Chetumal. El Ayuntamiento está metido en un claro, evidente, torbellino de corrupción que ya no es posible ocultar. El desfile de altos funcionarios que le pegan una mordida a los recursos municipales parece interminable. Hay personajes muy cercanos a la presidenta municipal que en abierta reflexión piden a Dios que “Mami”, como le dicen los que más la quieren, no termine en el cárcel. La reciente visita de López Obrador a Playa del Carmen sólo exhibió el hartazgo de los playenses con el gobierno municipal morenista. ¿En este escenario claramente adverso piensan obtener carretadas de votos lo morenistas en el 2019 y 2022 en Solidaridad?

Y en Cancún, Mara Lezama se ha echado a cuestas el paquete. Es ella quien pone la cara y se lleva el golpeteo por temas fallidos como el de la basura, los toros y el transporte -entre otros-, que sus propios compañeros diputados locales y también los aliados de Morena, arman sin consulta previa, lo que resulta en el reclamo popular. Cancún es el reservorio de votos de Quintana Roo. Parece ingenuo creer que Morena va a arrasar aquí en el 2022 sólo por el “efecto” AMLO.

Y en el caso de los legisladores federales arriba citados, Marybel, Pech y Luis Alegre, los tres son levanta dedos de López Obrador. Ninguno es capaz de emitir un juicio propio. Son una especie de autómatas de AMLO. No son productivos. Así es como la gente los percibe. 

Pero no es todo. El Congreso morenista de Quintana Roo es un vodevil. Los escándalos y los desfiguros entre los diputados de Morena, Reyna Durán y Edgar Gasca, hacen las delicias del público. Desde su inicio, la XVI Legislatura pintó para el escarnio público. El primero en hacer el ridículo fue el diputado verde-morenista Gustavo Miranda. Luego vino el espectáculo de Marybel Villegas peleando la caja chica del Congreso y después el agarrón con Yeidkol. Y como plato principal, el juego de las sillas, con la actuación estelar de Reyna Arceo, a quien la también diputada morenista Erica Castillo pretende ahora tumbar de la silla. Y para medio contener un poco los efectos del show, los diputados morenistas han prohibido a reporteros y público en general el paso a sus cubículos, una especie de Congreso de puertas cerradas.

En términos generales, da la impresión de que Marybel Villegas y el morenismo quintanarroense le está haciendo la chamba a los partidos de oposición.

No es lo mismo ser candidato, que ser gobernante. Ese puede ser un error de cálculo de los aspirantes de Morena a la gubernatura de Quintana Roo. López Obrador se desgasta a una velocidad impresionante. Ya quiere hacer las mañaneras de fin de semana dentro de sus paseos sábado-dominicales al interior del país para hablar, hablar, hablar. AMLO habla mucho pero no dá resultados. Basta asistir a uno de sus eventos para darse cuenta que el presidente sigue en campaña. Excelente candidato, deficiente gobernante.

Cada vez aparecen más “chairos” arrepentidos en las redes. Algunos muy famosos. Brozo, Albarrán (Café Tacuba), los charolastras (Gael y Diego) y un buen número de artistas y personalidades que no dudaron hacer pública su decepción y arrepentimiento por haber votado por AMLO. Muchas personas -no famosas- también manifiestan en las redes su “error de votación” y otras más guardan su frustración y enojo en el anonimato.

El gobierno de Morena le quitó las guarderías a las madres de familia. El gobierno de Morena le quitó al Turismo su promoción mundial. El gobierno de Morena suelta a narcotraficantes de primer nivel. El gobierno de Morena denigra a su propio ejército y permite que los criminales lo humillen. El gobierno de Morena prefiere que los niños de zonas serranas se armen antes de dar batalla contra los delincuentes. El gobierno de Morena eliminó el servicio de asistencia médica barato y sin costo en muchos rubros que llegaba a millones de mexicanos y en su lugar instauró un nuevo sistema que no funciona, no hay medicinas, ni atención y ni siquiera los gobernadores de los estados lo quieren porque sencillamente no sirve. El gobierno de Morena no puede con los gasolinazos que prometió erradicar. El gobierno de Morena es corrupto en diversos niveles de gobierno y defiende a personajes impresentables de la política contemporánea como Manuel Bartlett, Napoleón González Urrutia y René Bejarano (señor de las ligas) y su esposa Dolores Padierna, entre muchos otros. Y el presidente morenista de México es un individuo que miente y manipula a la opinión pública constantemente con sus ocurrencias, algunas chuscas y otras serias, como pedirle a los ciudadanos que le revelen la secrecía de su voto, esto una práctica amoral y vergonzosa para quien se dice el mandatario con mayor respaldo popular. ¿Quién en un análisis realista podría creer que Morena tendrá posibilidades electorales en un panorama como éste?

Hay que ponerle atención a los números.

El lópez-morenismo ganó en 2018 con 30 millones de votos. Pero 58 millones de mexicanos con credencial para votar no sufragaron por esa corriente. Algunos votaron por otros partidos y la mayoría no votó. ¿Qué hubiera pasado si esos que se abstuvieron hubieran salido a votar?

De ser así habría pasado un fenómeno que me tocó ver en dos ocasiones.

La primera en las elecciones presidenciales del 2000, cuando el PRI-Gobierno con una gran infraestructura, toda clase de recursos y con Francisco Labastida Ochoa, logró gracias a su corporativismo grandes resultados electorales. Pero del otro lado con Vicente Fox, los mexicanos se desbordaron en las urnas y dieron un voto de castigo al priismo de entonces. Nunca sabremos si fue Fox quien ganó o si fue la gente que castigó al PRI. El PAN no tenía los recursos para competirle al PRI, pero fue el voto abierto -el voto masivo- el que derrotó al otrora poderoso aparato de estado. 

Algo parecido ocurrió en Quintana Roo en 2016. El PRI-Gobierno con Mauricio Góngora aplicó todos los recursos para ganar la elección a gobernador. Un alto funcionario del gobierno Félix-Borgista cuenta que el día de las votaciones ya tenían todo “planchado”. Que se fueron a comer tranquilos y sin pendientes. Pero que a eso de las 4 PM empezaron a llegar las llamadas de desesperación de los operadores del PRI que no daban crédito. El PAN con Carlos Joaquín prácticamente ya tenía el triunfo a esa hora. Cuenta que los primeros sorprendidos fueron los propios panistas, que se sabían sin los recursos para tumbar al PRI. ¿Qué pasó entonces? El voto abierto otra vez. Los quintanarroenses se desbordaron en las urnas, castigaron al PRI y le dieron la victoria al PAN y su candidato.

La posibilidad de que Marybel Villegas o alguno de sus compañeros de Morena logren la gubernatura de Quintana Roo en 2022 esperanzados en el efecto AMLO y el voto corporativo, es muy frágil. Su triunfo depende más bien del voto abierto. Si el grueso de los quintanarroenses sale a votar, Morena va a estar en serios apuros.

Morena no es mayoría en entre los quintanarroenses. El abstencionismo es mayoría en Quintana Roo. Si los que antes se abstuvieron ahora salen a votar, Morena probablemente perderá. El efecto López Obrador hizo ganar a muchos en Quintana Roo en el pasado reciente, pero ese mismo efecto los podría llevar a la derrota en el futuro mediato.

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