Playa del Carmen.— Gilberto Gómez Martínez llegó a Morena porque el poder local cambió de manos y él se acomodó. Fue el primer alcalde de Puerto Aventuras cuando esta se formalizó alrededor de 2022. En ese arranque encabezó una planilla blanca vinculada al PRI, bajo el marco de la administración municipal entonces encabezada por Lili Campos. No era un militante de la 4T. Era un operador local con base en la zona y nexos con la CROC que impulsó su proyecto.
Para 2024 el cálculo cambió. Con Estefanía Mercado como candidata de la coalición Morena-PT-PVEM a la presidencia de Solidaridad, Gómez se bajó del barco PRI-PAN y empezó a hacer proselitismo abierto a favor de ella. Medios locales lo registraron como uno de los activos que abandonaron el proyecto de reelección de Lili Campos. Estefanía, en campaña en Puerto Aventuras, lo mencionó explícitamente como “un gran amigo de este proyecto” y pieza clave en la construcción de apoyo en la zona. El mensaje era claro: el control territorial en Puerto Aventuras se negociaba con quien ya lo tenía, sin importar el partido de origen.
Una vez que Estefanía ganó la presidencia municipal en junio de 2024, el arropamiento se formalizó. En diciembre de ese año, Gómez se reeligió en la asamblea vecinal con la planilla Dorada (2.818 votos). Estefanía le tomó la protesta en sesión solemne de Cabildo en el propio Puerto Aventuras. Lo enmarcó dentro de la “continuidad de una administración comprometida” y de los principios de la Cuarta Transformación. En la práctica, lo integró a la estructura municipal: reuniones de trabajo, eventos conjuntos de obras y programas, y coordinación operativa bajo su gobierno. El priista de origen se convirtió en alcalde morenista de facto, con el sello de la presidenta municipal.
Los antecedentes no eran secretos. Mientras aún transitaba o ya alineado, hubo señalamientos de complicidad en invasiones irregulares en la zona norte de Puerto Aventuras (noviembre de 2024), con una exdelegada responsabilizándolo directamente de solapar asentamientos bajo torres de alta tensión. En junio de 2025, el periodista Alfonso Lara (director de Informativo Puerto Aventuras) denunció haber sido privado de la libertad, golpeado con una tabla (“tableado”) y amenazado de muerte por cuatro sujetos que, según su relato, le dijeron que el “escarmiento” era por criticar al alcalde Gilberto Gómez y a su sobrino Jorge Montalvo Gómez. Lara señaló directamente a ambos como ordenantes. ARTICLE 19 documentó el caso. Nada de eso impidió que Gómez siguiera operando bajo el paraguas municipal de Solidaridad.
El esquema que finalmente lo llevó a la detención el 15 de octubre de 2026 —extorsión agravada contra una comerciante de la colonia Puerto Maya, con cobros por trámites gratuitos, amenazas de “levantar” y “tablear”, y participación de su sobrino y de una funcionaria de Desarrollo Económico— ocurrió ya bajo la administración de Estefanía. La Fiscalía de Quintana Roo lo detuvo junto a los otros dos. Solo entonces ella emitió el mensaje de “ningún funcionario está por encima de la ley” y cero tolerancia. Antes, el arropamiento político e institucional había sido explícito: apoyo de campaña, toma de protesta, integración al esquema de gobierno y continuidad de poder.
El caso ilustra un patrón recurrente en la expansión de Morena-4T en Quintana Roo: incorporar operadores priistas con control territorial real, validarlos públicamente y mantenerlos en puestos clave mientras no generen un costo político inmediato. Gómez no fue un “nuevo cuadro” de la transformación. Fue un priista de origen que cambió de playera a tiempo, recibió el respaldo de Estefanía Mercado y, una vez dentro, operó con los métodos de siempre hasta que la denuncia de extorsión lo alcanzó. El deslinde vino después de la detención, no antes.


