El acuífero de Quintana Roo se saliniza a pasos agigantados: el agua dulce se desvanece y en el 2030 podría ser irreversible
Colectivos como Cenotes Urbanos impulsan un proyecto de seguimiento continuo por cinco años para documentar el deterioro y entregar pruebas contundentes a autoridades.
Riviera Maya.— El único acuífero que abastece de agua potable a toda la península —sin ríos superficiales de importancia— está cambiando de forma acelerada: el agua dulce se transforma en salobre por la intrusión marina, impulsada por la huella humana descontrolada. Se saliniza a pasos agigantados, mientras la población crece y la demanda explota.
Guillermo D’Christy (o D’Cristhy), integrante del colectivo de ciencia ciudadana Cenotes Urbanos y fundador de Selváme Mx, lo pone crudo: de cara al 2030 se vislumbra un escenario crítico. Con la llegada estimada de hasta 2.5 millones de personas adicionales al estado, el recurso hídrico no alcanzará. El monitoreo que realizan en 150 cenotes de Playa del Carmen, Tulum y Puerto Morelos ya detecta salinización activa —el proceso ya es una realidad en esas zonas urbanas y costeras.
El problema no es abstracto ni lejano. La sobreexplotación de pozos (por turismo masivo, desarrollos inmobiliarios, hoteles y migración), combinada con deforestación y fugas de drenaje, crea “vacíos” que succionan agua de mar hacia el interior. En cenotes y cavernas cercanos a la costa, la salinidad sube, el agua pierde potabilidad natural y se vuelve corrosiva para tuberías y electrodomésticos. A largo plazo, sin tratamientos caros como desalación, gran parte del norte de Quintana Roo podría tener agua “inservible para consumo humano” en 10-15 años, según advertencias respaldadas por estudios de la UNAM y otros institutos.
Colectivos como Cenotes Urbanos impulsan un proyecto de seguimiento continuo por cinco años para documentar el deterioro y entregar pruebas contundentes a autoridades. No es solo sal: la contaminación por coliformes, E. coli, nitratos y descargas residuales agrava la vulnerabilidad, haciendo que el acuífero sea más propenso a la intrusión salina.
Mientras tanto, en la Riviera Maya la gente ya nota el cambio: agua con sabor extraño en pozos costeros, cenotes que pierden su cristalino turquesa emblemático. Si no se frena la extracción desmedida y se mejora el saneamiento de raíz, el “paraíso acuático” maya podría convertirse en una zona dependiente de soluciones tecnológicas caras y poco sostenibles. El reloj corre: el agua dulce se desvanece, y con ella, la base de vida de millones en la península.


