Esto hacen los cubanos en Cancún: Agresiones, narco-menudeo, robos, asesinatos, etc; y ante la evidencia, la comunidad cubana se victimiza en redes
Esta postura genera rechazo. En lugar de condenar firmemente los actos delictivos de sus compatriotas, y colaborar con autoridades mexicanas, se opta por generalizar la victimización.
Cancún.— La convivencia en varias colonias de Cancún, particularmente en la Supermanzana 23 y zonas aledañas, se encuentra fracturada por una serie reiterada de incidentes violentos y delictivos protagonizados por cubanos. En lugar de un debate honesto sobre integración y respeto a las leyes mexicanas, parte de la comunidad cubana ha optado por una narrativa de victimización colectiva, exigiendo que el gobierno de La Habana rompa su “silencio” ante supuesta discriminación.
Los hechos recientes contradicen el relato de inocentes perseguidos. A finales de mayo de 2026, un video viral mostró a un cubano agrediendo brutalmente a un joven mexicano que le reclamaba la cartilla de vacunación de un perro que lo había mordido. El incidente desató la indignación vecinal: cientos de personas se concentraron frente a la vivienda del agresor en la SM 23, lanzaron piedras, vandalizaron la propiedad y generaron un fuerte operativo policial. La pareja cubana involucrada (Rigoberto “N” y Yudelmis “N”) terminó bajo resguardo migratorio del INM.
Este no fue un caso aislado. Días después, otro video captó a un cubano agrediendo verbal y físicamente a una adulta mayor y a un vecino que intentaba mediar. En mayo, José Antonio “N”, cubano de 50 años, fue detenido por feminicidio tras apuñalar mortalmente a su expareja en un bar de Cancún. Enfrenta hasta 60 años de prisión.
Patrón delictivo acumulado en 2026
A lo largo del año, las detenciones de cubanos por delitos graves se han multiplicado:
Narcomenudeo y crimen organizado: En febrero, tres cubanos fueron detenidos con drogas y 75 mil dólares. En abril, otro cubano con orden de arresto de EE.UU. por conspiración para distribuir drogas fue capturado. Elementos vinculados a redes de tráfico de personas y mafia cubano-americana han sido asegurados en Quintana Roo.
Robos con violencia: Vecinos de la SM 23 y 26 denuncian repetidamente asaltos, robos y ocupaciones irregulares atribuidos a grupos de migrantes cubanos, muchos de ellos deportados de Estados Unidos. Empresarios locales reportan asaltos frecuentes.
Otros incidentes: Altercados en ferry a Isla Mujeres, trata de personas y agresiones menores se suman al listado en cuestión de días.
Las autoridades y residentes locales llevan meses alertando sobre esta ola de inseguridad focalizada. Manifestaciones en abril exigían deportaciones y mayor control migratorio ante la percepción de impunidad.
Principales desmanes y delitos documentados en 2026:
Agresiones físicas y violencia vecinal (mayo 2026): El caso más viral ocurrió a finales de mayo en la Supermanzana 23. Un cubano agredió brutalmente a un mexicano que reclamaba por la mordida de su perro (pidiendo cartilla de vacunación). El video generó indignación masiva, una turba de cientos de personas (incluso más de 500 según reportes) rodeó la vivienda, la apedreó y vandalizó. Las autoridades detuvieron al agresor y su pareja, quienes quedaron bajo custodia migratoria. Este incidente desató protestas y operativos.
Otra agresión captada en video: Días después, otro cubano fue exhibido por agredir verbal y físicamente a una adulta mayor y a un vecino que intervenía en Puerto Morelos, 20 kilómetros al sur de Cancún. Estos eventos han alimentado narrativas de comportamiento agresivo recurrente.
Feminicidio: En mayo, un cubano de 50 años (José Antonio “N”) fue detenido por apuñalar mortalmente a su expareja cubana en un bar de Cancún. Intentó suicidarse ingiriendo ácido. Enfrenta hasta 60 años de prisión por feminicidio.
Narcomenudeo y drogas: En febrero, tres cubanos fueron detenidos con sustancias ilícitas y 75 mil dólares. En abril-mayo, otros cuatro cubanos enfrentaron proceso por distribución de marihuana.
Ligas con crimen organizado: En enero, un cubano clave en una red internacional de tráfico de personas, ligada al Cártel de Sinaloa, fue detenido en Cancún con drogas, armas y dinero. Otro fue capturado con orden de arresto de EE.UU. por conspiración para distribuir drogas.
Robos con violencia y quejas vecinales: Vecinos de Supermanzanas 23-26 denuncian repetidamente robos, asaltos y ocupación ilegal de viviendas por parte de grupos de cubanos (muchos deportados de EE.UU.). En abril, manifestantes exigieron deportaciones masivas, alegando al menos diez incidentes mensuales de agresiones y robos. Empresarios reportan asaltos en motocicleta.
Secuestros: Casos previos y vinculaciones a proceso por secuestro de otros cubanos (fenómeno recurrente donde migrantes son víctimas de compatriotas para extorsionar a familiares en EE.UU.).
La auto-victimación como respuesta
Ante esta realidad, un grupo de cubanos residentes en México difundió un pronunciamiento en redes sociales exigiendo que la Cancillería cubana y el Consulado en Cancún rompan su silencio. Denuncian “discriminación” que afecta empleos, rentas y trato diario, afirmando que “el problema ya rebasó el caso inicial y golpea a personas inocentes”.
Esta postura genera rechazo. En lugar de condenar firmemente los actos delictivos de sus compatriotas y colaborar con las autoridades mexicanas para identificar y expulsar a los infractores, se opta por generalizar la victimización. El mensaje implícito es que cualquier reacción local es “xenofobia”, minimizando la responsabilidad de quienes generan los conflictos.
Expertos y vecinos señalan que generalizar contra todos los cubanos es injusto —muchos migraron en busca de trabajo honesto—, pero ignorar el patrón conductual visible de un segmento problemático es igualmente irresponsable. La tolerancia cero a la delincuencia no es discriminación: es defensa del orden público.
Mientras las autoridades mexicanas deben actuar con firmeza (deportaciones selectivas, operativos focalizados y aplicación estricta de la ley migratoria), la comunidad cubana en Cancún enfrenta un desafío interno: aislar a sus elementos delincuenciales y demostrar voluntad real de integración. De lo contrario, la brecha social solo se ampliará y el rechazo, justificado o no, seguirá creciendo. La paz social en Cancún exige hechos, no solo pronunciamientos victimistas.







