Zona Maya.— En un escenario de claro dominio de la coalición Morena-PVEM-PT —que en 2024 se llevó los 11 municipios del estado—, el partido guinda ha incorporado a un puñado de exmilitantes de Movimiento Ciudadano y del desaparecido PRD. La mayoría de estos fichajes carece de peso electoral significativo, de estructuras territoriales consolidadas o de victorias recientes que justifiquen una lectura de “fortalecimiento” real.
El movimiento se inscribe en los reacomodos habituales de la política local: MC atraviesa deserciones ligadas a la nueva conducción estatal y el PRD ya no existe como opción nacional. Estos perfiles no llegan como una oleada de cuadros con capacidad de movilización independiente; llegan, en buena medida, como restos de partidos en retroceso que buscan acomodarse en la fuerza dominante de cara a los comicios de 2027.
Trayectorias de alta movilidad y bajo rendimiento
Los casos ilustran más el transfuguismo que la suma de capital político nuevo:
Ana Pamplona ejemplifica la movilidad extrema. Llegó al Congreso local con siglas de Morena (o de la coalición en la que participó), pasó por el PT y el PRD, y terminó en MC. Tras abandonar Morena no volvió a obtener un cargo de elección popular. Su retorno no aporta una estructura inédita; refleja más bien una carrera de saltos partidarios.
Martín Morales ya operaba en actividades de respaldo a Rafael Marín Mollinedo antes del anuncio formal. Su incorporación formaliza una cercanía preexistente más que expandir el perímetro político de Morena.
Sixto Cuevas (Playa del Carmen) fue candidato de MC a la presidencia municipal en 2024 y obtuvo alrededor del 2.82 % de los votos (unos 3 257 sufragios, según reportes). Esa cifra ni siquiera alcanzó para una regiduría por representación proporcional. Su historial reciente es de participaciones sin victoria electoral relevante.
Gustavo Pech Galera, regidor en Othón P. Blanco, llegó al cabildo en la planilla de MC encabezada por Lidia Rojas Fabro (como candidato a síndico). Es hijo del exdirigente estatal José Luis Pech Várguez. Renunció a MC el 31 de agosto por diferencias con la nueva dirección. Su valor es más familiar y de continuidad local que de arrastre electoral propio.
Paola Cervera tiene antecedentes de candidatura desde 2022 dentro de la estructura de MC y fue impulsada por el mismo José Luis Pech. Queda por demostrar qué red territorial o base de votos reales aporta más allá de su trayectoria partidista.
María Luisa Poot Ek, séptima regidora de Felipe Carrillo Puerto, llegó por representación proporcional tras ser candidata del PRD a la alcaldía en 2024. Capitalizó en parte el descontento local y la inercia de José Esquivel (“Chak Me’ex”), quien se perfilaba como abanderado perredista pero fue encarcelado. Pasó a MC, donde asumió la coordinación municipal, pero luego se acercó a la alcaldesa morenista Mary Hernández (apareció en una foto de “unidad” el 1 de octubre junto a aspirantes de Morena y Verde). Su paso sucesivo por PRD, MC y ahora Morena es un caso claro de adaptación pragmática al poder local.
Verónica Mex (Lázaro Cárdenas) fue candidata de MC a la presidencia municipal y, según datos difundidos, obtuvo cerca de 300 votos. De confirmarse, muestra un respaldo muy limitado.
La excepción relativa y el balance real
La excepción más visible es Jorge Portilla (Tulum). Como abanderado de MC en 2024 estuvo entre los opositores con mayor votación y se acercó a la alcaldía, aunque Morena y aliados barrieron el estado. Renunció a MC, se quedó como independiente y luego se registró en Morena para buscar la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación. Es el perfil con mayor peso electoral reciente del grupo, pero sigue siendo un caso individual, no una tendencia.
En conjunto, el número de adhesiones no equivale a crecimiento electoral. Morena ya controla las estructuras de poder local y estatal; sumar a ex candidatos de baja votación o a operadores que ya estaban cerca de ciertos liderazgos (como los vinculados a Rafael Marín o a Gino Segura) es más un ejercicio de absorción de remanentes que una ampliación significativa de su base. El verdadero impacto se medirá en 2027 por la capacidad concreta de estos perfiles para organizar territorio y sumar votos que Morena no tuviera ya, no por las fotografías de incorporación.
En la política de Quintana Roo, donde el transfuguismo es crónico y los partidos opositores se desdibujan, estos movimientos son predecibles. Lo que no está claro es si representan un refuerzo estratégico o simplemente el reciclaje de cuadros con trayectorias más móviles que efectivas.


