Cancún, México.— La exsenadora y actual diputada federal suplente por Quintana Roo, Marybel Villegas Canché, estaría en pláticas con la dirigencia nacional del Partido del Trabajo para explorar una eventual candidatura a la gubernatura en 2027. De hecho, publicó una fotografía en sus redes sociales con un liderazgo del Partido del Trabajo como una señal. De concretarse, sería su sexto cambio de partido en dos décadas, una trayectoria que la ha llevado del Partido Verde Ecologista de México al PRD, de ahí al PAN, luego al PRI, después a Morena y ahora eventualmente al PT.
Villegas inició en la política municipal de Benito Juárez a principios de los 2000 ligada al grupo de Juan Ignacio García Zalvidea, a quien acompañó al PVEM. Posteriormente se incorporó al PRD, con el que fue diputada local entre 2005 y 2008. En 2008 migró al PAN, donde permaneció hasta 2013 y buscó, sin éxito, la candidatura a la alcaldía de Cancún. Ese mismo año renunció y se afilió al PRI, partido con el que volvió a ser diputada local y más tarde ocupó la delegación de la Sedesol en el estado. En 2017 dio el salto a Morena, con el que llegó al Senado en 2018 y posteriormente a la Cámara de Diputados.
El posible aterrizaje en el PT se produce en medio de un abierto conflicto con Morena. Tras quedar fuera de la designación de la Coordinación de Defensa de la Transformación en Quintana Roo —que recayó en Eugenio “Gino” Segura—, Villegas ha acusado de “encuestas amañadas” a la Comisión Nacional de Elecciones que encabeza Citlalli Hernández y ha anunciado que evalúa no participar en los procesos municipales internos. En entrevistas ha confirmado acercamientos con Alberto Anaya, dirigente nacional del PT, y hace unas horas publicó en Facebook una foto junto a Reginaldo Sandoval, coordinador del grupo parlamentario petista en San Lázaro, con el mensaje de que compartían “temas prioritarios para Quintana Roo”.
El episodio exhibe, una vez más, el funcionamiento práctico de Morena. El partido que llegó al poder prometiendo acabar con el “chapulinismo” y el pragmatismo de los partidos tradicionales ha terminado albergando —y en muchos casos premiando— a figuras que han transitado por casi todo el espectro partidista. Villegas no es un caso aislado: su carrera demuestra que, una vez dentro, la lealtad ideológica cuenta menos que la capacidad de negociación y la utilidad electoral del momento. Cuando el partido ya no le ofrece la ruta que busca, la salida se convierte en opción natural.
De consumarse el brinco al PT, Marybel Villegas sumaría el sexto partido en su historial. Para sus críticos, el patrón es claro: se adapta a la fuerza que en cada momento le abre la puerta, sin importar el color. Para Morena, el caso se vuelve incómodo porque ilustra con claridad lo que el movimiento ha terminado por normalizar.


