Cancún.— La tarde del domingo, alrededor de las 18:32 horas, se registró un choque en el Puente Vehicular Nichupté de Cancún, a la altura del kilómetro 7+300. Un Honda Civic rojo con placas de Oaxaca, conducido por un hombre de 24 años de edad, que circulaba de oriente a poniente, realizó una vuelta en U sin las precauciones necesarias y fue impactado por un taxi Suzuki Ertiga blanco con verde (número económico 3410). El pasajero del taxi, identificado como Alejandro R. M., resultó lesionado y fue atendido por paramédicos de la unidad médica Life número 11; las lesiones no ameritaron traslado hospitalario. Elementos de Tránsito acudieron para las diligencias de deslinde de responsabilidades. Videos del percance circularon en redes sociales, donde una conductora señaló el exceso de velocidad como factor de riesgo.
Este incidente no es aislado en una vialidad relativamente nueva (abierta a la circulación en mayo de 2026), pero adquiere un matiz particular por la presencia del taxi. Desde su apertura, el Puente Nichupté operó con reglas estrictas: velocidad máxima de 60 km/h, prohibición de vehículos de carga pesada, motocicletas solo mayores a 600 cc, restricción de peatones, scooters y similares en carriles vehiculares, y prioridad conceptual a vehículos particulares y transporte público autorizado (como las unidades del sistema MOBI). Las autoridades enfatizaron un esquema controlado con carriles reversibles y vigilancia vía C5 para preservar la infraestructura sobre la laguna y garantizar seguridad.
El conflicto original con los taxis
En los primeros días de operación, taxistas del Sindicato “Andrés Quintana Roo” denunciaron que se les impedía el acceso. Elementos de Tránsito detuvieron unidades (incluyendo Suburban) en accesos como el de Plaza Kukulcán, lo que provocó protestas y bloqueos momentáneos. Los operadores exigieron “piso parejo”, cuestionaron el trato desigual respecto a otros transportes públicos y afirmaron que el puente debía estar disponible para el servicio concesionado, no solo para vehículos particulares o las nuevas rutas modernas. Las reglas iniciales priorizaron un modelo de movilidad con autobuses híbridos autorizados y excluyeron o limitaron de facto a los taxis tradicionales, generando acusaciones de privilegio a ciertos sectores.
Días después (alrededor del 9 de mayo), coordinadores del sindicato se reunieron con su líder Rubén Carrillo para definir lineamientos internos de uso. Agradecieron a la gobernadora Mara Lezama por la obra y acordaron distribuir normas entre los operadores: prohibición de ascenso o descenso de pasajeros sobre el puente, no detenerse para fotos u otras actividades que obstruyan, respeto a límites de velocidad y circulación ordenada. Se impulsó capacitación para evitar caos. Estos acuerdos permitieron la operación de taxis bajo condiciones específicas, aunque la claridad oficial sobre la autorización plena nunca fue del todo transparente en los reportes iniciales.
Crítica y contexto
El choque ilustra los retos de una infraestructura costosa y estratégica (11.2 km, segundo puente más largo de América Latina sobre cuerpo de agua) que buscaba reducir tiempos entre la ciudad y la Zona Hotelera, pero que desde el inicio enfrentó problemas de adaptación, accidentes menores y conflictos de acceso. La maniobra del conductor del Civic fue imprudente según el reporte de Tránsito, pero el video y las reclamaciones de exceso de velocidad apuntan a un problema recurrente: la dificultad de hacer respetar los 60 km/h en un tramo elevado y atractivo visualmente.
La presencia del taxi —con pasajero lesionado— subraya que, a pesar de las restricciones originales y los lineamientos posteriores del sindicato, la circulación de unidades de servicio público concesionado se normalizó sin que los reportes del accidente mencionen infracciones específicas por tipo de vehículo. Esto plantea preguntas sobre la consistencia del enforcement: ¿se aplican las mismas reglas a todos?, ¿se priorizó el flujo turístico y particular sobre el transporte público tradicional?, y ¿la capacitación de mayo ha sido suficiente para prevenir prácticas de riesgo como detenciones o maniobras bruscas en un puente con carriles reversibles y espacio limitado?
El incidente, aunque con lesiones leves, reactiva el debate sobre si el Puente Nichupté cumple su promesa de movilidad segura y equitativa, o si las reglas iniciales —diseñadas para proteger la estructura y favorecer un transporte moderno— se diluyeron bajo presión gremial sin un marco regulatorio claro y público. Las autoridades de Tránsito tienen el deslinde en curso; mientras tanto, el caso sirve de recordatorio de que obras de este calibre requieren no solo infraestructura, sino reglas transparentes, vigilancia efectiva y cultura vial por parte de todos los usuarios.



