Cancún.— Imaginen una asamblea donde hay dos formas de sentarse a la mesa. La primera es simple: gana quien obtiene más votos en su pueblo o distrito. Es el lugar ganado de frente. La segunda existe para que la mesa no quede solo en manos de los más fuertes. Si un partido reúne muchos votos en todo el estado, aunque no gane todos los distritos, recibe algunos asientos extra. Así también se oye a quienes no alcanzaron el primer lugar. Esos asientos extra se llaman de representación proporcional.
Durante años, Quintana Roo llenó parte de esos asientos extra con una figura peculiar: los “mejores perdedores”. Eran candidatos que no ganaron su distrito, pero quedaron cerca y sacaron una votación alta. El partido proponía cinco nombres y otros cinco salían de esos casi ganadores.
Eso se acabó. El Congreso local cambió la regla. Ahora cada partido entrega una lista de diez personas, en el orden que él decide. El primero de la lista tiene más posibilidad de entrar; el último, menos. El votante elige al partido, no reordena esa lista ni “rescata” a quien perdió su distrito.
Movimiento Ciudadano impugnó el decreto. Argumentó que se cierra la puerta a voces más pequeñas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación no le dio la razón. Dijo que el Congreso de Quintana Roo tiene libertad para decidir cómo se integran esas listas, siempre que:
se respete que hombres y mujeres vayan intercalados;
no se altere la fórmula con la que se reparte el número de asientos;
los partidos con menos votos sigan pudiendo obtener lugares si alcanzan el umbral legal.
En otras palabras: no se redujo el tamaño de la mesa ni se expulsó a las minorías. Se cambió el criterio para elegir a las personas que se sientan en esos asientos de reparto. Antes podía entrar alguien que peleó un distrito y casi lo gana. Ahora entra quien el partido colocó en su lista cerrada.
Los ministros también rechazaron que esta reforma debiera consultarse de manera especial a pueblos indígenas o comunidades afromexicanas. Consideraron que la medida toca por igual a toda la ciudadanía y no recae de forma particular sobre esos pueblos.
Quedó un cabo suelto. Se discutió si el Congreso omitió reservar lugares para personas con discapacidad, jóvenes y miembros de la diversidad sexual. La votación empató. Falta el voto de la ministra Loretta Ortiz Ahlf, ausente en esa sesión. El asunto debe resolverse antes de que inicie el proceso electoral local de 2027.
La decisión, en síntesis, no cambia cuántos diputados extra recibe cada fuerza política. Cambia de quién depende el nombre que ocupa esa silla: ya no del resultado casi victorioso en un distrito, sino del orden que el partido escribió en su lista.


