Río de cerveza en la López Portillo de Cancún: Caen cajas del camión repartidor de XX Lager
Según el reporte al número de emergencias, todo ocurrió porque la unidad realizó una vuelta pronunciada con la delicadeza de un elefante en patines.
Cancún.— Un río de cerveza corrió por la Av. López Portillo, cuando cajas de ese preciado líquido ámbar cayeron de un camión repartidor de XX Lager, lo que –cómo no– despertó la sed instantánea entre más de un transeúnte que de pronto se sintió transportado a una eterna fiesta de viernes… pero en jueves y sin invitación.
La mañana de este jueves, un intenso aroma a chela recién derramada invadió varias calles de Cancún tras el desafortunado (o afortunado, según a quién le pregunten) percance: varias cajas de botellas se despidieron del camión en plena avenida José López Portillo, convirtiendo un cruce semaforizado en una especie de pista de patinaje etílico improvisada, justo a la altura de la clínica Quirúrgica del Sur.
Según el reporte al número de emergencias, todo ocurrió porque la unidad realizó una vuelta pronunciada con la delicadeza de un elefante en patines. El presunto mal aseguramiento de la carga hizo el resto: las cajas volaron, las botellas rodaron y el asfalto terminó luciendo más húmedo y pegajoso que el piso de un antro a las 5 de la mañana.
Los trabajadores de la empresa –con cara de “esto no estaba en el contrato”– se lanzaron de inmediato a la heroica misión de rescatar las cajas sobrevivientes, recoger botellas intactas y barrer los cristales rotos antes de que algún motociclista terminara convertido en patinador artístico involuntario. Quedaron a la vista charcos espumosos y envases maltrechos, casi todos de la inconfundible Dos Equis Lager, mientras el equipo de limpieza luchaba contra el charco pegajoso para evitar que la vialidad se convirtiera en zona de derrapes.
Aunque, milagrosamente, no se reportaron lesionados (ni civiles ni botellas que pudieran demandar), el incidente provocó tráfico lento durante varios minutos. Los automovilistas, atrapados en el embotellamiento, tuvieron tiempo de sobra para contemplar el espectáculo y, quién sabe, fantasear con un vaso frío mientras esperaban que el pavimento dejara de oler a happy hour.


