jueves, 2 de enero de 2020

¿Sí va el Tren Maya?



Expediente
Por: Esmaragdo Camaz

¿Sí va el Tren Maya? La pregunta no es ociosa. El Zapatismo advirtió en los últimos días del 2019 que los indígenas “defenderán con sus vidas” las tierras por donde se supone serán construidas las vías para el paso del proyecto sexenal de AMLO. La advertencia no es menor y tiene su carga político-social. El presidente López Obrador respondió este jueves a los indígenas zapatistas -principalmente chiapanecos- con un extrañamiento. "Los trato con mucho respeto, por eso me extraña eso de que <vamos a defender la tierra con la vida>”. Pero la oposición del EZLN no es el único obstáculo que el Tren Maya encontrará en su camino. La oposición de los habitantes mayas de la Península de Yucatán y el rechazo de la IP al proyecto, son otros de los “inconvenientes” que ya metieron al presidente en un brete de pronóstico reservado. 

Al presidente López Obrador le puede parecer “extraña” la postura de los indígenas de Chiapas, pero para el Zapatismo el Tren Maya es combustible puro. El movimiento “revolucionario” del subcomandante Marcos está cumpliendo justo 26 años y una causa fresca es lo que necesita para salir de su letargo.

El EZLN le declaró la guerra a México en las primeras horas de 1994. Los más jóvenes de hoy no lo vivieron, pero hasta antes de la aparición de Marcos en San Cristóbal de las Casas, Carlos Salinas de Gortari mantenía un país pujante con un alto desarrollo económico y una riqueza nunca antes vista en el México contemporáneo. Los negocios, las empresas, florecían y hasta en un momento parecía que en verdad íbamos al primer mundo. Pero cuando el encapuchado apareció en la televisión nacional la mañana del primero de enero de ese año, el país empezó a deshacerse progresivamente en la manos de los Salinas de Gortari. Carlos terminó hundido en el mayor descrédito y su hermano Raúl -apodado por Proceso como “El Hermano Incómodo”-, terminó tiempo después en la cárcel tras conocerse la inmensa fortuna que amasó y los excesos que protagonizó desde el Poder.

Ahora que lo recuerdo 26 años después, las operaciones militares del Ejército Zapatista de Liberación Nacional apenas duraron una semana. El 7 de Enero de 1994 el EZLN y el Gobierno de México acordaron una tregua al fuego. Nunca más desde entonces los zapatistas volvieron a disparar un fusil.

En realidad muchos de los zapatistas estaban armados con rifles de palos. El Ejército Mexicano no tuvo mayores contratiempos para atacar a los indígenas. De haberlo querido, el Gobierno de la República hubiera podido exterminar a los insurgentes esa misma semana que duró el conflicto armado.

Pero en los hechos, el poder de los zapatistas de 1994 no fueron las armas sino las palabras. Una ideología. Una causa. Un grito de Justicia e Igualdad a favor de los pueblos indígenas. El levantamiento zapatista atrajo la atención del Mundo. En México los más encumbrados opositores al Gobierno se aliaron a Marcos. La izquierda cardenista que en 1988 le peleó a Carlos Salinas de Gortari la presidencia, se solidarizó con la causa del EZLN. 

Cuauhtémoc Cárdenas, en ese entonces la figura más reconocida de la izquierda mexicana, avaló el movimiento zapatista. Y Andrés Manuel López Obrador, quien seis años antes había salido del PRI-Tabasco para enrolarse en el cardenismo, también hizo lo propio con la causa enarbolada por Marcos.

Hoy 26 años después las cosas han cambiado en el país en muchos sentidos. Pero las cosas siguen igual en los altos de chiapas. En amplias zonas indígenas del sureste mexicano la condición de pobreza está estancada y esa es -una vez más- la causa que el EZLN está abanderando. Y el Tren Maya es ahora su objetivo. 

La dirigencia zapatista planteó a en su más reciente congreso celebrado en los pueblos indígenas de Chiapas, que para la construcción del Tren Maya el gobierno de México va a devastar una amplia extensión de selva y que los indígenas tendrán que ceder su tierras para el tendido de las vías férreas. 

El presidente López Obrador dice que los zapatistas no conocen bien el proyecto. Pero bueno, ésto es relativo. Los detalles han sido publicados y explicados en repetidas ocasiones. Y aunque han sufrido cambios, los puntos esenciales de los que habla el EZLN son en cierta forma ciertos. Es verdad que en los 1,525 kilómetros de recorrido proyectados para el Tren Maya  la selva tendrá un fuerte impacto aún con los planes de reforestación que contempla el proyecto. Y cierto es también que los propietarios de las tierras impactadas -la gran mayoría de ellos ejidatarios- tendrán que aceptar indemnizaciones por debajo del precio real de sus parcelas. Así lo ha hecho el Gobierno siempre y esta vez no será la excepción.

En este contexto, la fuerza del EZLN puede revivir 25 años después a partir de una nueva causa. Esta vez con costo al proyecto sexenal del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien parece empeñado en cristalizar su sueño de llevar un Tren peninsular que culmine un circuito turístico en Palenque, Chiapas, municipio donde el mandatario mexicano tiene su popular finca de nombre “La Chingada”.

En 1993 el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari fue advertido con suficiente antelación de un movimiento armado que se gestaba en los Altos de Chiapas. Incluso la revista Proceso publicó ese mismo año un amplio reportaje en el que desveló el movimiento insurgente. Aún con todas estas claras señales, Salinas subestimó a los indígenas, quienes a la postre lo llevaron de alguna forma a la debacle.

Quizá a partir de esa experiencia es que López Obrador les dijo esto hoy a los zapatistas:

"Los trato con mucho respeto, por eso me extraña eso de que 'vamos a defender la tierra con la vida'. Si yo no soy Salinas. Pero son libres de plantear lo que consideren".

AMLO dijo que sí podría haber un encuentro con los zapatistas para escuchar sus inconformidades a través del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Y sostuvo que su gobierno no actuará de manera autoritaria. Lo dijo así:

"Que no esperen nuestros adversarios conservadores, de izquierda y de derecha, que nosotros actuemos de manera autoritaria. No somos iguales. Nosotros somos pacifistas".

Cierto que las palabras de AMLO suenan conciliadoras. Pero también tibias para un proyecto del que hace no mucho promocionaba en los eventos públicos con aquella frase de que “El Tren Maya va aunque a muchos no les guste”.

Los Mayas de la Península de Yucatán

En Yucatán, pero sobre todo en Quintana Roo, los ejidatarios de la Zona Maya de Felipe Carrillo Puerto y sus respectivas colindancias, conocen el valor de las tierras del Turismo. Han visto, han vivido, se han beneficiado de una forma u otras, con el desarrollo de la industria del asueto. Sobran las historias de ejidatarios mayas que se convirtieron en millonarios de un día para otro cuando antes no tenían para comer. Y todavía hay casos. Cada vez que un desarrollo turístico nace, el dinero corre por las manos de los ejidatarios que poseen la tierra donde estos centros vacacionales serán edificados.

El Tren Maya es un proyecto netamente turístico, anunciado así por el propio AMLO. Y eso en los oídos de los ejidatarios mayas de Quintana Roo suena a millones de pesos. A millones de dólares. Difícilmente los dueños de estas tierras las van soltar por sumas inferiores, no del tipo de indemnización que el Gobierno Federal acostumbra. 

Más que la cuestión ecológica y que el discurso aquel del cuidado de “La Madre Tierra”, en la Zona Maya de Quintana Roo entregar las tierras para el Tren Maya es un asunto básicamente comercial. 

La encuesta del Tren Maya

En su afán de darle legitimidad a su proyecto, López Obrador ordenó la consulta para el Tren Maya. Tuvo una amplia aceptación en las urnas, pero la participación fue tan baja, que no alcanza para considerarla representativa y más bien su poca convocatoria se entiende como un rechazo tácito al proyecto de AMLO.

No es casual que por esa razón el Gobierno de la 4T no haya publicitado los resultados de la consulta. Si vamos a los detalles de los resultados se entenderá el por qué del silencio gubernamental.

El Gobierno Federal emitió 800 mil boletas para votar en la consulta del Tren Maya. Pero sólo 100 mil 940 personas se presentaron a las urnas para votar, en su mayoría a favor del proyecto de AMLO. O sea, ni siquiera el 20 por ciento de las boletas disponibles se usaron. Además éstas no tenían folio.

Bueno, esos que votaron en la consulta del Tren Maya apenas representan el 2.86 por ciento de los mexicanos que tienen credencial del INE, que son más o menos unos 89 millones.

Y un dato más. López Obrador ganó las elecciones presidenciales en 2018 con 30 millones de votos, menos de la mitad del padrón electoral. O sea, la mayoría de los mexicanos con credencial del INE no votaron por él. Un global más/menos de 59 millones de mexicanos no respaldan al presidente.

Los números -siempre fríos-, llevan al Tren Maya al terreno de lo real más que de lo emocional. 

Los empresarios dicen no 

El Tren Maya cuesta 120 mil millones de pesos. Para darnos una idea de cuánto es esto, cito el presupuesto anual de Quintana Roo, que es de unos 35 mil millones de pesos. O sea, el costo de construcción del proyecto ferroviario de AMLO sería más o menos igual que el presupuesto anual de tres estados del país, digamos que podrían ser los tres de la Península de Yucatán.

¿Y de dónde van a salir esos 120 mil millones de pesos? Originalmente el presidente planeó aportar a través de la 4T, únicamente el 10 por ciento de esa suma. Pero ahora que el sector privado nacional e internacional ha manifestado su desinterés por invertir en el Tren Maya, el Gobierno Federal tendría que aportar por sí solo los 120 mil millones de pesos. Y ésto último es lo que le ha dado un giro definitivo al proyecto sexenal del presidente López Obrador.

Se entiende que el Gobierno Federal podría aportar el 100 por ciento de los recursos necesarios para realizar el Tren Maya. Pero más bien habría que preguntarse si el presidente López Obrador está dispuesto a tomar una decisión unilateral de ese tamaño ante un complicado panorama que representa una inversión de alto riesgo.

El tiempo de construcción

El Tren Interurbano México-Toluca inició su construcción el 7 de Julio de 2014 en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Son apenas 57.7 kilómetros y aún no lo terminan. O sea, ya pasaron más de cinco años y no acaban la obra. Según la declaración más reciente del titular de SCT, Javier Jiménez Espriú, este tren entrará en operaciones a mediados del 2024. Bueno, si a este funcionario no le fallan sus cálculos, la construcción de este tren habrá llevado un total de 10 años de construcción. Una década pues. Es decir, que esta obra ni siquiera dará tiempo de que AMLO la inaugure, a no ser que éste cambie la Constitución y se reelija.

El Tren Maya va a tener una distancia de 1,525 kilómetros. O sea, un recorrido 26 veces más largo que el Tren Interurbano México-Toluca. ¿Cuánto tiempo va a llevar construir el Tren Maya entonces si el otro tren de recorrido mucho más corto necesita una década para su terminación? Cuántos periodos necesitaría pasar AMLO en Palacio Nacional para poder inaugurar esta obra. ¿O para terminarla? Eso sin contar que de los seis años que AMLO tenía ya se quemó el primero.

¿Las primeras inversiones?

Hasta ahora el proyecto del Tren Maya sólo han sido palabras. Las acciones concretas se resumen en el otorgamiento irregular -sin licitación- de algunos contratos a decir verdad insignificantes como la compra de vales de despensa, protocolos de respuestas a emergencias, mantenimiento de estructuras y compra de uniformes, por lo cual el Gobierno Federal pagó un millón 762 mil pesos a empresas como Sodexo, Grupo Inmobiliario Becaen, Sergio Salvador Ochoa y Lazzar México, según datos arrojados por el sistema Compranet. Y eso es todo.

En resumen, el proyecto del Tren Maya aún es eso. Sólo un proyecto. Su viabilidad se ve cada día más comprometida y su realización empieza a parecer una utopía por los complejos escenarios que se han ido acomodando negativamente en torno a la obra sexenal del presidente López Obrador.

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